Tu eres mi escape de este mundo desordenado
Allí estaba yo, esperando el viento a mi favor con las manos dentro de mis bolsillos y el sol acariciándome el rostro. Era un punto entre la multitud. Me llevaban de un lado al otro como si fuera una pelusa. Y de repente sentí que no estaba tan sola porque del otro lado de la calle a alguien le ocurría lo mismo que a mí. Sus ojos se tropezaron con los míos y fue como si el viento, el sol y la multitud se pusieran de acuerdo en un instante. Sonreí y me sonrió. Entonces comprendí que no tenías que decirme donde ibas porque entonces yo iría contigo.