Just one last time



¿Cuándo sucedió todo? En algún lugar de tu memoria se activa una secuencia de imágenes y lentamente vas volviendo hacia el inicio o, el supuesto inicio...


Una noche cualquiera del mes te pones tu mejor ropa, el último par de zapatos que te compraste, la campera de cuero que tanto te caracteriza y luego arrancas con el ritual del maquillaje y peinado. Salís de tu casa con actitud positiva.

Te juntas con tus amigas en el mismo lugar de siempre: La casa de tu mejor amiga. Nunca hay nadie o si lo hay las evitan. Ni bien llega la última del grupo de ocho amigas inseparables se ponen a jugar a las cartas, toman, hablan de quien irá a ese boliche que tanto les gusta, toman, siguen hablando del colegio, de las vacaciones, toman, juegan a más juegos, gritan, toman, cantan una canción de David Guetta como si estuvieran en un recital. Alguien toca el timbre,. El taxi, los taxis. 

El viaje se convierte en un instante de charlas, risas y canciones del momento. Llegaron a destino. Entran al boliche y cada una quiere ir a un lugar diferente. Optan por ir primero al baño (casi ritual de todo el grupo), van a la barra y vos conseguís un mojito gratis por hacerle un guiño al barman. ¿Acaso se te está tirando onda? No es nada feo pero tampoco es de tu gusto. Suben al VIP por ser conocidas de chico de seguridad. ¿Acaso se puede pedir más? Claro que sí. Bailas al par de tus amiga y cantas gritando el tema que tanto te gusta. Disfrutas como si fuera la última noche porque claro es el último fin de semana de vacaciones. Lo sentís. Sentís como poco a poco te vas perdiendo por las luces, la música y el alcohol en plena noche de Buenos Aires.

Cuando el lugar está en su máximo esplendor, las barras están colmadas de personas y todo el boliche baila al ritmo de la música del DJ, tus ojos se desvían de sitio y caen ahí abajo, donde nunca deberían haber caído. "No existe las casualidad" dice tu conciencia. "Pero si el destino" dice una parte tuya.

Lo ves entre miles de personas. Él te ve bailando desde lo más alto, como si fueras exclusividad para pocos y te dedica una leve sonrisa. Dejas de bailar y te acercas a la baranda. Le dedicas una amplia sonrisa que luego se convierte en risa. Él te incita a bajar hasta donde se encuentra. Dudas pero vas decidida. Sentís que te vas perdiendo en un laberinto de personas pero al final del trayecto sabes lo que te espera. Te paras al frente de él, sus miradas se cruzan y saben que es el principio del fin...


Abrís los ojos, abrís la realidad. Pensas que no había otra forma, tenía que ser de esa manera. No tenías elecciones o quizás sí pero no te importaba un carajo, como ahora. Cerras los ojos para volver al tiempo solo una vez más.




Comentarios

Entradas populares de este blog

El principio del fin

Porque uno y uno no siempre son dos

Los pasados de Abril.