Porque uno y uno no siempre son dos
Están sentados frente a frente y
no se dicen nada, como si fueran dos extraños en una habitación. Puede pasar
treinta segundos, dos minutos, una hora; el tiempo puede girar como una moneda
y no se inmutaran. Quizás el mundo no sepa que por aquellos ojos color café
cruzaron soplos que fueron de amor a odio, de felicidad a miseria, de alegría a
tristezas, de extrañar a despreciar, de aguantar y soportar a tirar todo al
carajo. Aquellos ojos que alguna vez amaron con tanta intensidad hoy solo
reflejan el poder de destrucción de ambos.
Comentarios
Publicar un comentario